Desde esta casa de espiritualidad, que es la tuya, vengo presentando los personajes más significativos de este tiempo de Adviento-Navidad que estamos celebrando. Señalo, de nuevo, que más que una presentación de los propios personajes, tan conocidos, es la presentación de una ficha de oración con ellos en clave de Lectio Divina tal como la ha presentado Rocío G. Garcimartín en el folleto Dios viene, publicado por la evd.

Los primeros presentados fueron  Isaías y Juan Bautista como precursores y mensajeros de la venida de Jesús. Nos situamos hoy en el marco narrativo del «evangelio de la infancia» del evangelista san Lucas. El centro del relato es Jesús, el Hijo de Dios, que se hace hombre a través de una mujer modelo de fe, de disponibilidad a la voluntad de Dios, y el mejor ejemplo de quien ha sabido encarnar y vivir el proyecto de Jesús: María.

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Lc 1,26-38

Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.» María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios.» Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel dejándola se fue.

 Cuando leas

Lee con serenidad el pasaje. Procura imprimir el texto en tu corazón. Fíjate en lo que dice el texto. Pueden ayudarte estas orientaciones:

Recorre el pasaje fijándote en lo que se dice de Jesús:

Observa cómo es descrito Jesús, el sol que nace de lo alto, en Lc 1,32-33. ¿Cuáles son los títulos que le atribuye Lucas?

El espíritu  de Dios, que estaba presente en la creación (Gn 1,2), ocupa un papel relevante ahora, cuando se inicia una nueva y especial intervención de Dios en la historia humana. Fíjate en la importancia del Espíritu en este pasaje. Él también acompañará a Jesús a lo largo de todo su ministerio (cf. Lc 4,18).

 

Recorre el pasaje fijándote en lo que se dice de María:

Lee Lc 1,5-25 y observa algunos contrastes entre estos pasajes. Fíjate cómo “Nazaret”, “María” y “entró donde estaba ella” contrastan con “Jerusalén”, “sacerdote” y “templo”. Dios se revela a los humildes.

Detente en el saludo del enviado de Dios a María. “¡Alégrate!” (La presencia del Señor, que lleva salvación y bendición, es motivo de profundo gozo). “Llena de gracia” (Absoluta gratuidad del amor de Dios).

Ante el Señor de la alegría, de la vida, de la gratuidad y de la salvación, María acoge su palabra generadora y creadora: “Aquí está la esclava del Señor”. ¿Cuáles son las actitudes de María que resaltan más en todo el pasaje?

Date cuenta de hacia dónde resuena tu corazón. Es el momento de descubrir cómo te lee el pasaje.

Cuando medites

¡Alégrate! Porque María hizo estallar la Navidad. ¿Cómo podemos superar nosotros las navidades superficiales y consumistas y hacer estallar la auténtica Navidad?

¡Alégrate! Porque ella, con su “sí” y “haced lo que él os diga”, es la mejor discípula y maestra del Evangelio. ¿Qué te revelan sus actitudes para tu vida?

¡Alégrate! Porque, colmada de los dones de Dios, María se fió del Señor y de sus promesas. ¿Descubro el amor de Dios en mi vida? ¿A qué gestos de amor me empuja este descubrimiento?maria_jesus_clip_art

Cuando ores

Da gracias al Señor por María, la madre siempre pronta a ayudarnos y sostenernos. Pide que nuestra existencia se configure, como la suya, en un arco espiritual que va desde el amor gratuito de Dios hasta nuestra aceptación de sus planes y proyectos.

Acoge la gracia de Dios sobre tu vida. Alégrate. Poco a poco percibirás que esta experiencia te lleva al compromiso y a la acción para hacer presente en el mundo el proyecto de Dios.

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