Pedro de Dios y Gonzalo Revert, en un Taller de CONFER, que aquí en CM19 ya ha suscitado intenso debate

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“Cuidarnos para cuidar”, con este, tanta veces escuchado pero sugerente título, se ofreció desde la CONFER la Jornada-Taller en la que durante la jornada de hoy 15 de febrero 80 religiosos/as y laicos comprometidos en la misión de atender a los hermanos mayores o enfermos, han reflexionado sobre las dificultades, los logros y los valores de las casas y comunidades de mayores.
La enfermera Eva López, Master en counseling del Centro Asistencial San Camilo, con más de 20 años de trabajo en el sector sociosanitario y con un profundo conocimiento de la Vida Religiosa, ha recorrido en tres bloques el “Cómo”, “Dónde”, “Quien” y “Para qué” del cuidado y la atención de las y los religiosos mayores y/o enfermos.
Si bien es cierto que el tema da para mucho más que para una jornada de trabajo de 8 horas, ésta se engloba dentro de un itinerario de formación permanente, que desde el área Socio-sanitaria de la Conferencia de Religiosos se organizan y ofrecen periódicamente y en las cuales ya se han trabajado temas tan candentes como la gestión y organización de los centros asistenciales, las enfermedades psico-cognitivas en los religiosos o cómo afrontar las situaciones de deterioro psico-físico en nuestros hermanos de comunidad. En este itinerario, que no pretende ofrecer las fórmulas mágicas para afrontar esta realidad, porque no existen estas recetas, se presentan las pautas y cauces para que desde este trabajo intercongregacional se refleje luego en los trabajos propios de cada IVR.
Se me hace muy difícil sintetizar en un breve artículo, todas las cuestiones que quedan abiertas para el trabajo comunitario posterior porque el taller no cierra el trabajo, si no que deja abierta toda una serie de cuestiones que deberían ser abordadas si realmente vemos en el tema la importancia que tiene por la necesidad apremiante de una realidad que nos interpela.
Se ha trabajado en ponencias y aportes de las participantes cuestiones como ¿Cómo debe ser la comunidad ideal para la atención de las necesidades específicas del religioso enfermo? ¿Qué aspectos, además de lo sanitario debe trabajarse en estas comunidades?
¿Cómo recibe el hermano mayor o enfermo la noticia de su traslado a este tipo de comunidades o casas? …
Las congregaciones que por sus medios disponen de estructura propia para la atención de estos compañeros, ¿Deben encargarse con sus propios hermanos/as de esta atención o es mejor externalizar la atención con personal técnicamente capacitado para una atención sanitaria de calidad y dejar el acompañamiento espiritual a sus compañeros?
Como veis queda abierta una amplia gama de posibilidades para la reflexión y trabajo en el seno de cada congregación, atendiendo a las realidades propias: diversificación, número de hermanos en la provincia, dispersión territorial, capacitación profesional, humana y espiritual del hermano encargado, etc.
En el taller también se ha hablado de las cifras para hacer pie en una realidad que, como decía anteriormente, nos apremia, el continuo envejecimiento de nuestras comunidades y la disminución del número de ingresos en nuestros noviciados, a modo de ejemplo citaré algunas de las cifras estadísticas que se ha manejado en este taller:
En los últimos 10 años se ha reducido en un 20% el número total de religiosos en España.
Del total de miembros residente en la nación (sean nativos o llegados de otros países) el 74% tiene más de 70 años. Del restante 28% llamamos hermanos “jóvenes” a lo que se reconoce como el fenómeno de la “eterna juventud del religioso” ya que son considerados en ese grupo a todos aquellos que se encuentran en un rango de edad que le permite la vida activa, por tanto encontramos comunidades que llaman “comunidad de jóvenes” a religiosos de hasta 65 años.
De este porcentaje de enfermos y mayores, el 35% lo son con algún grado de dependencia, esto es, que no disponen de la capacidad de desarrollar sin ayuda las actividades básicas de la vida diaria como alimentarse, asearse, afectación de la movilidad, dificultades cognitivas para la comunicación, entre otras.
Estos porcentajes trasladados a la totalidad de religiosos presentes en España arrojan la cifra de más de 8.600 hermanos y hermanas dependientes Y si tenemos en cuenta el coste mensual promedio en una institución para la atención bio-psico-social profesional y especializada (residencias) se convierte en un gasto mensual de 12 millones de euros.
Es cierto que la cifra no debe alejarnos de la necesidad de ver en el hermano mayor o enfermo la posibilidad de nuestra entrega y la canalización de una afectividad que mueve nuestra vocación de ver a Cristo en la enfermedad de nuestro hermano, pero no deja de ser también cierto que si el “cuidador” no ha sido preparado para esta misión puede provocar en él (o ella) una crisis de su vocación dónde se cuestione su ser religioso.
Gonzalo Revert,
Misionero Laico del Verbo Divino

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