Entrevista al obispo Estanislau Chindecasse

“Como obispo trabajaré en equipo buscando el consenso de todos a pesar de los diferentes puntos de vista, tal y como aprendí en mis años de experiencia”

El recién nombrado obispo de Dundo (Angola), el Padre Estanislau Chindecasse, ha regresado a España, al lugar donde inició sus primeras andaduras en su etapa de formación. A este país llegó en el año 1981 para hacer el noviciado en la casa del Verbo Divino, en Dueñas. De esta época destaca el recibimiento afectuoso por parte de los cohermanos y el espíritu misionero que se respiraba. Frente a la falta de vocaciones misioneras hoy en día en España, el obispo Chindecasse está convencido que resurgirá un nuevo sentir por este carisma que define al Verbo Divino como Congregación. Asegura que “España es un país de gran tradición misionera y debería seguir siéndolo”.

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–¿Qué recuerdos tiene de su primera etapa en España?

La acogida en España fue muy positiva, como anécdota recuerdo todas las canciones que aprendí. Tenía ganas de conocer, aprender y aquí nos dieron esas posibilidades. Tuve con los cohermanos muy buena experiencia, también con los vecinos de Dueñas, que cuando me veían decían: “mira los negros del Verbo Divino”.

–¿Qué mensaje daría a los jóvenes ante este mundo complejo que vivimos de falta de vocaciones?

Antes había unas ganas inmensas de ir a las misiones por parte de los jóvenes. Decían que curas no querían ser, pero sí misioneros. España tiene una tradición grande en este sentido. Mi sorpresa es que se perdió un poco la ilusión por la misión, la generosidad en los jóvenes españoles. Resurgirá de nuevo un día esta ilusión, porque una tradición tan grande no se puede perder.

Además, los jóvenes son el centro de mi labor pastoral en Dundo. Debemos sentarnos con ellos a hablar para acercarles el mensaje, transmitirles palabras de vida.

–¿Cómo recibió su nombramiento como obispo de Dundo?

Me lo comunicaron en un encuentro con las Hermanas clarisas. Fue un cambio brusco ya que no estaba en mis planes. Era difícil decir sí, pero también era difícil decir no. Después de unos momentos de reflexión pensé que la mejor respuesta es siempre hacer la voluntad de Dios. En mi vida religiosa siempre he tenido que obedecer y así lo he hecho. El Señor me ayudará.

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–¿El que usted sea el tercer obispo del Verbo Divino en Angola, tiene algo que ver con el trabajo que está realizando el Verbo Divino en ese país y sobre todo en Dundo?

Seguramente, ya que tenemos una gran presencia en Angola. Además, muchos rincones del país,  como en la diócesis donde estoy, están necesitados de misión. Se puede decir que es una región de primera evangelización. Como misioneros del Verbo Divino, la realidad de Dundo está relacionada directamente con nuestro carisma. Asimismo, se trata de una diócesis grande formada por ocho parroquias. La gente en la diócesis está abierta a la Iglesia,  así que el trabajo puede dar frutos. Las personas preguntan, “¿cuando van a venir los curas, cuando van a venir las monjas?” Hay una necesidad.

–¿Cuál es el lema de su episcopado?

La idea del buen pastor: Doy mi vida para que tengan vida y la tengan en abundancia. Quiero ser como el pastor que da la vida para sus ovejas. Naturalmente, el Gran Pastor es Jesús y nosotros intentamos ser pastores con él.  Por eso, hay que dar vida para que Jesús pueda vivir en cada uno de nosotros. Ese es mi lema.

–Angola es un país emergente, ¿qué papel va a tener como obispo en esta consolidación de una paz que ya existe en el país y que ayudará al desarrollo del país?

La gente aprendió mucho con la guerra. La paz va mucho más allá; es la armonía con uno mismo, con los demás, con la naturaleza. Ahí tenemos una labor inmensa. La economía puede haber crecido, pero el progreso y la distribución de la riqueza es una asignatura todavía pendiente. La Iglesia está pendiente de todo esto. En la última carta de los obispos se habló de corrupción. Donde hay corrupción, no hay justicia y donde no hay justicia se están creando las condiciones para que la paz no sea efectiva.

La riqueza debe ser para todos distribuida de forma igualitaria para que no haya gente que se quede al margen. Ese es nuestro trabajo. El papel de la iglesia es cultivar los valores morales en la sociedad. Tengo esperanza en que podremos contribuir con el progreso en el sentido más vasto y global.

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-Toda la experiencia acumulada de años en la administración del Verbo Divino ¿le va a servir en su cargo ahora como obispo?

Sí, fue una experiencia intensa, entrañable. El primer nivel fue el trabajo como consejero. Ahí uno aprende a trabajar en equipo buscando el consenso de todos, a pesar de los diferentes puntos de vista. Esto fue una escuela para mi, un aprendizaje. En la diócesis trabajaremos buscando también esta experiencia.

El segundo nivel trata del contacto con los cohermanos en distintos contextos, en la universidad, con los niños de la calle. En esos ámbitos encontré cohermanos de una entrega al trabajo increíble.

Alba Montalvo Iniesta

Modesto Munimi, SVD

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