50 AÑOS DEL SACERDOCIO: UNA VIDA ENTREGADA A LOS HERMANOS Y A LA MISIÓN

En un día como hoy, hace 50 años, Francisco Javier Donázar se ordenó sacerdote en San Agustín en Alemania.  Francisco presidió la misa de acción de gracias  esta mañana en la capilla de la Comunidad Verbo Divino de Estella por sus bodas de oro de vida sacerdotal.  El celebrante fue acompañado por sus compañeros, familiares y amigos.

Francisco 3

Su homilía giró entorno a tres palabras: Perdón, Gracias y Misión. “Perdón, por lo que yo no he hecho bien como cristiano, misionero y como sacerdote. Por las cosas que hice mal y por mis infidelidades”, indicó Francisco. “Gracias a Dios por la vocación misionera y sacerdotal. Gracias a mi familia, mis compañeros, amigos y todas las personas que he encontrado en el camino del Señor”, añadió. Al final, se mostró agradecido y feliz para poder participar en la misión de Cristo y de la Iglesia, como Misionero del Verbo Divino.

Francisco nació en Beriain, Pamplona/España el 11 de marzo de 1938. Ingresó en la Congregación del Verbo Divino en 1953, y dos años más tarde, hizo sus primeros votos. En 1961 emitió sus votos perpetuos, y el 8 de diciembre de 1963, fue ordenado sacerdote en Alemania, junto con Rufino Ganuza, José Antonio Barriocanal, ya fallecidos (Que descansen en paz) y Federico Llamas, misionero en Panamá.

“Siempre he querido ser sacerdote y misionero”, desde mi infancia”, dijo Francisco. Esta ilusión del inicio le ha acompañado siempre, donde ha trabajado, tanto en Colombia, Panamá y Argentina, como aquí en España.

Desde aquí, felicitamos a Francisco por sus 50 años del sacerdocio y le acompañamos con nuestras oraciones.

A continuación, les dejamos el poema escrito por Simón Inza, SVD y declamado por Jesús Andueza, SVD, en la ocasión de las bodas de oro de Francisco.

Modesto MUNIMI

 

Cual Francisco de Javier, Jasso-Azpilicueta, 

Francisco Javier de Beriain, Donazar-Aguire, Francisco 2

seducido por el Señor, y dejándose seducir,

¡qué fácil le fue, ir tras de quien le llamó!.

            A su voz, sus oídos abrió.

                       A su mirada, su mirada le devolvió.

                       A su luz, en su rostro la estampó.

                       A su amor, en su corazón lo guardó.

                       A su invitación, con su total disposición lo aceptó.

                       A su sacerdocio, con todo su ser lo abrazó.

Francisco Javier de Beriain:

Cristo, tu Sumo Sacerdote, en el altar de la cruz consumado,

premie tu sacerdocio sembrado, ¡50 años ha!,  con sus sabrosos frutos cosechados. Desde siempre, en el seno materno, Dios Padre lo cultivaba,

con su Hijo y su Espíritu, dejaba caer en ti la semilla misionera, con segmentos fértiles de su cruz, germinaba,  crecía,  granaba , y ya madurada,  lo enhebraba con fuego en su llaga sangrante, como divisa a quien le perteneces entero. Seguía tus pasos andados en la arena del lago de Beriain, -réplica al lago de Galilea-, descalzo, arreglando tus redes, te vio a pescador soñar, por tu nombre te llamó, amigo te nombró, su ejemplo, como a Francisco de Javier, tus planes trastocó, con ternura te invitó por otros mares inéditos soñar: coger tus redes, desanclar tu barca, cambiar, al igual que lo hizo Francisco de Javier, el rumbo de tu navegar…, y, al despertar con el  quiquiriquí del gallo albero, tus sueños se borraron, e interpretando la llamada de su mirada, tu vida se alumbró: seré, te dijiste con decidida voz, lo que el Maestro me encargó: ‘pescador de hombres’, remaré mar adentro sin temor a sus aguas bravas, ni a los huracanados vientos, como pescador fiel, cumplidor y curtido marinero, extenderé mis redes con el ‘engaño’ del Verbo en mi encarnado, redentor alimento  para los hambrientos mares de paz, pues, quien guía y conduce mi frágil barquichuela, es mi Señor, Sacerdote Timonero, de valientes remeros’.

                       Francisco Javier de Beriain,

                       el sacerdocio en tu tierra sembrado ,

                       germinado, crecido,  granado y madurado,

                       el  Sumo Sacerdote en su cruz lo abraza,

                       ofrenda por el Reino de tu Señor,

                       en los extensos mares que él te designó.

            De corazón,

tu comunidad y tus cohermanos de la Congregación,

  te dan su más sentida felicitación.

 

Simón Inza

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