Navidad 2015

navidad 2015

La lectura del evangelio de la Misa de Media Noche de Navidad (Lc 2, 1-14) no lo dice expresamente, sólo lo insinúa. Y es que cuando el Hijo de Dios nació́ en la tierra, también la naturaleza, el mundo físico, exultó de gozo. Durante aquella noche en Belén, el aire era frío y las estrellas refulgían en el cielo. Era un buen momento para estar fuera en los campos. Algunos pastores, de hecho, sacaron sus rebaños a pastar y estuvieron en vigilia toda la noche. Y entonces «El ángel del Señor se les apareció́ y la gloria del Señor brilló en torno a ellos… Y de repente, apareció́ una multitud del cielo con el ángel alabando a Dios y diciendo: «Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres amados de Dios». La noche del nacimiento de Jesús fue una noche de celebración. Todos estaban en gozosa celebración: Los ángeles, los pastores, las estrellas, la tierra… De hecho, toda la naturaleza se regocijó por la llegada a la tierra del Hijo de Dios.

Esto es, de hecho, lo que había profetizado Isaías. En Adviento leemos y escuchamos su profecía: «Se alegrarán el desierto y el yermo, la estepa se regocijará y florecerá; dará abundantes flores y cantará de alegría… Brotarán aguas en el desierto y arroyos en la estepa. El páramo se convertirá en estanque y la tierra sedienta en manantial. En el cubil de los chacales brotarán cañas y juncos». (Is 35, 1-7)

La visión de Isaías nos trasmite la impresión de que el nacimiento del Hijo de Dios no es sólo un acontecimiento humano o histórico. También es un evento cósmico. Tiene consecuencias no sólo en la vida de los seres humanos o en la historia de la humanidad, sino también en el bienestar de la naturaleza o del mundo físico. No es de extrañar, entonces, que cuando nace el Hijo de Dios, la naturaleza misma prorrumpa en un canto de alegría y celebre, se regocije y exulte.

El pasado 14 de diciembre los representantes de cerca de 200 países, reunidos en la Cumbre del Clima en Paris, adoptaron el primer acuerdo global para atajar el calentamiento desencadenado por el hombre con sus emisiones de gases de efecto invernadero. Como ya es bien sabido, el continuo incremento del calentamiento de la tierra debido al aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero. El calentamiento global llegará a provocar que se derritan los glaciares y que suba el nivel del mar. Esto causará desastrosas inundaciones en algunas partes, y sequías extremas en otras. Todo esto pone en grave peligro el balance ecológico de la tierra y la salud de los seres humanos. Otras horribles consecuencias del cambio climático son, por ejemplo, la pérdida de la biodiversidad, la erosión de las costas y litorales, la extinción de gran número de especies de la flora y la fauna, la reducción de la disponibilidad de agua potable, la disminución de la producción agrícola y el incremento de los incendios naturales en los bosques.

Pero sobre todo, lo que causa profunda preocupación es la conclusión de que «el calentamiento del sistema climático es inequívoco» y que sus primeros efectos ya se sienten ahora. Todo esto nos ofrece una panorámica muy diferente a la que vemos en la profecía de Isaías. Creo que la Navidad es un buen tiempo para que reflexionemos en lo que es considerado como el problema más grave al que se enfrenta la humanidad de hoy en día, porque la dimensión cósmica es una dimensión integral de la Navidad.

Cuando la naturaleza pierde su capacidad para celebrar el nacimiento del Hijo de Dios, entonces algo esencial se pierde en la Navidad. Cuando la naturaleza ya no canta y se regocija por la llegada del Señor, nuestra celebración navideña queda incompleta. La Navidad, de hecho, es una razón para que respetemos y cuidemos la naturaleza, el medioambiente, el mundo físico.

«¿Qué tipo de mundo queremos dejar a quienes nos sucedan, a los niños que están creciendo?» (n. 160). Esta pregunta está en el centro de Laudato si’, la Encíclica del Papa Francisco sobre el cuidado de la casa común.

Dos consideraciones:
La primera, el carácter sacramental de la creación. Desde el momento en que la Palabra de Dios se hizo carne, todo cambió. El medioambiente ya no es sólo natural, el mundo ya no es sólo secular, la naturaleza ya no es sólo profana. Todo queda transformado. Ahora todo – la naturaleza, el mundo, el medioambiente – posee una cierta dimensión que le permite revelar a Dios, posee una cierta profundidad que le permite comunicar lo divino. Por que el Hijo de Dios ha nacido entre nosotros, el mundo se ha convertido en un sacramento que revela lo divino, la naturaleza se ha convertido en un signo y en un instrumento de la unión con Dios, el medioambiente se ha convertido en un medio para llevar a la gente a Dios. La creación, que proviene de las manos de Dios Creador, es ya sagrada. Pero con la Navidad, se hace todavía más sagrada, ya que el Hijo de Dios nace y se hace carne entre nosotros.

En segundo lugar, la paz mundial como un aspecto fundamental de la Navidad. El Papa Benedicto XVI advirtió de este «gravísimo problema de nuestro tiempo» en su mensaje al mundo para la Jornada Mundial de la Paz 2008. El tema de su mensaje fue «La familia humana, comunidad de la Paz». Si la familia humana quiere conseguir la paz, debe ser reflejo de la familia natural, que es «una íntima comunión de vida y de amor». Y, al igual que la familia natural necesita un hogar, del mismo modo lo necesita la familia humana:
La familia necesita una casa a su medida, un ambiente donde vivir sus propias relaciones. Para la familia humana, esta casa es la tierra, el ambiente que Dios Creador nos ha dado para que lo habitemos con creatividad y responsabilidad. Hemos de cuidar el medio ambiente: éste ha sido confiado al hombre para que lo cuide y lo cultive con libertad responsable, teniendo siempre como criterio orientador el bien de todos… Respetar el medio ambiente… quiere decir que no se la considera de manera egoísta, a plena disposición de los propios intereses, porque las generaciones futuras tienen también el derecho a obtener beneficio de la creación… significa más bien asumir el compromiso de decidir juntos… con el
objetivo de fortalecer esa alianza entre ser humano y medio ambiente que ha de ser reflejo del amor creador de Dios, del cual procedemos y al cual caminamos (#7).

Poner en peligro la tierra es poner en peligro el hogar de la familia humana. Poner en peligro la familia humana como «íntima comunidad de vida y amor» es poner en peligro la paz en el mundo. Es vaciar la Navidad de uno de sus aspectos fundamentales: paz en la tierra, buena voluntad a hombres y mujeres, gloria a Dios.
Ahora, muy a menudo podemos caer en la tentación de pensar que este «gravísimo problema de nuestro tiempo» no nos afecta a nosotros ni a nuestras pequeñas comunidades, y que sólo les concierne a los grandes y poderosos, a los jefes de estado, primeros ministros, grandes industrias y corporaciones internacionales. Pero nuestro estilo de vida tiene consecuencias para el medio ambiente. Por lo tanto, somos llamados a llevar un estilo de vida más sencillo, más sostenible y más favorecedor del medioambiente. Por ejemplo, «Livesimply» es una organización en Inglaterra que cree que «Dios nos llama a observar nuestro estilos de vida y elegir una vida más sencilla, sostenible y en solidaridad con los pobres». Ver www.cafod.org.uk/ livesimply.
Esta Navidad, al adorar al Niño Jesús que yace en el pesebre de Belén en compañía de María y José́, todavía podemos oír a la naturaleza cantar y celebrar el nacimiento del Hijo de Dios. El aire todavía puede ser fresco, las estrellas todavía pueden brillar intensamente, los pastores todavía pueden venir de prisa y los ángeles todavía pueden cantar alegremente. Pero ya hay signos de que esto podría no ser así́ en el futuro. ¿Y si la naturaleza deja de cantar en Navidad?
En esta Navidad agradezcámosle a Dios el regalo inmenso de su Hijo nacido entre nosotros y el gran regalo de la naturaleza que celebra su llegada en la carne. «Gloria a Dios en las alturas y en la Tierra paz a los hombres que gozan de su favor».

Que el acuerdo histórico de la Cumbre contra el cambio climático tenga éxito para reducir el calentamiento global, controlar el cambio climático y asistir a los pobres, que son las primeras víctimas de este «gravísimo problema de nuestro tiempo». Que el año nuevo 2016 traiga mayores esfuerzos en todo el mundo por el cuidado de la tierra, la justicia para los pobres y la paz en el mundo.

Comentario de Antonio Pernia, SVD. (Arnoldus Nota, 2009) actualizado por Modesto, SVD.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies