Eugenio García (FÁTIMA 2): “En esta tarea no debe estar solo el Papa desde el Vaticano”

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Caro Carlos:

Dame permiso para entrar otra vez en tu portal. Están volviendo de Fátima mis hermanos y con esto les quiero dar la bienvenida al hogar.

Hace un par de días cité en estas páginas al sacerdote portugués Aselmo Borges y al biblista argentino Ariel Álvarez. En sus escritos mencionados, los dos son muy respetuosos con la devoción y con los devotos de la Virgen de Fátima. Pero ellos manifiestan, según entiendo yo, que esta devoción vivida desde hace un siglo necesita ser revisada y renovada desde la nueva evangelización. Y, como ésta, muchas otras de las 2.567 devociones que existen en el mundo nacidas de visiones y revelaciones de la Virgen María a personas particulares.

Quién no conoce a la Virgen del Rocío, la Virgen del Pilar, la Virgen Macarena, la Virgen del Camino,  la Virgen de Covadonga, la Virgen de Fátima, la Virgen de Lourdes, la Virgen del Carmen, la Virgen de Guadalupe, la Virgen de Loreto, la Virgen de Częstochowa, la Virgen de la Medalla Milagrosa y las otras 2.555 advocaciones que están registradas…

El papa Francisco reconoce que hay costumbres arraigadas a lo largo de la historia, que hoy ya no son interpretadas de la misma manera y cuyo mensaje no suele ser percibido adecuadamente. Pueden ser bellas, pero ahora no prestan el mismo servicio en orden a la trasmisión del Evangelio. No tengamos miedo de revisarlas (E.G.43).

10 Una novena un encuentro con la Palabra

Muchas devociones marianas muestran a una María poco menos que por encima de Dios. En las revelaciones que hace a sus videntes María habla muchísimo. En cambio la María de los evangelios escucha más que habla. Se presenta como la esclava de Señor. Se pone a su disposición. En las revelaciones a los videntes María vaticina castigos en el purgatorio o el infierno de los que hay que librarse a base de rosarios y mortificaciones…  En cambio, en los evangelios es una mujer de esperanza, de servicio y confianza en Dios. Jesús habló muy claro de que nuestra salvación está en la misericordia de Dios y en nuestro amor al prójimo, no en la práctica de un rito, en el rezo de una oración determinada o en la imposición de una medalla.

Revisar estas devociones no es rechazarlas. Es embellecerlas y actualizar nuestro amor a la madre María. Y en esta tarea no debe estar sólo el Papa desde el Vaticano, ni los Obispos en Concilio, ni los curas en el confesionario sino todos, cuanto más devotos, más comprometidos en la nueva evangelización de nuestra devoción a la Virgen María.

 

Madre del Evangelio viviente,

manantial de alegría para los pequeños,

ruega por nosotros.

 

Pablo en chino

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