Lago de Tiberíades, mar de Galilea, lago de Genesaret

Antes de que los fríos de otoño borren la hermosa policromía del entorno de esta casa de Espiritualidad, permitidme que presente unos cuadros bíblicos en este marco de Dueñas.

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Dice la cartografía de la National Geographic, y lo recogen también los evangelios y los peregrinos que visitan Tierra Santa, que desde los montes del Líbano baja un río que recorre Palestina hasta hundirse en el mar Muerto. Es el río Jordán.

En los escritos del Antiguo y del Nuevo Testamento se narran grandes acontecimientos ocurridos a lo largo de ese río.

Josué, según cuenta el libro de este colaborador de Moisés, lo atravesó cerca de Jericó para conquistar el territorio situado al oeste del río (Jos 1,2ss); era la Tierra Prometida. Cuenta el libro de ese héroe que en este río ocurrió lo mismo que había ocurrido cincuenta años antes en el mar Rojo: las aguas se separaron para que los israelitas pudieran pasar a pie enjuto por el cauce seco (Jos 3,14ss).

Este es el río en el que Juan bautizó a Jesús (Mt 3,13ss). En el norte del país, cerca de Nazaret, el río Jordán forma un lago que tiene varios nombres: Lago de Tiberíades, Mar de Galilea, Lago de Genesaret… En ese lago, Jesús eligió a varios pescadores como discípulos suyos (Mc 1,16ss); en sus riveras predicó el Evangelio, sanó a enfermos, dio vida a muertos; caminó por encima de las aguas de ese lago sin hundirse (Mc 6,45ss); calmó sus olas bravías (Mt 8,24ss); en la playa de ese lago comió peces asados con sus discípulos después de la resurrección (Jn 21,9ss)…

Todos estos relatos que podéis leer en la citas que os señalo de la Biblia, los rememoro yo cada vez que me acerco al río que atraviesa, de norte a sur, la finca que rodea esta casa de Espiritualidad de Dueñas. En la cartografía oficial de Palencia es el río Maderano, pero para nosotros es el “Cevico”, pues de Cevico de la Torre viene. Muere, para tener más vida, en el río Pisuerga.

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También este río nuestro forma un lago en la parte norte del parque de la casa; este lago sirve de embalse para pescar, para regar y también para mover, en otros tiempos, las piedras de un molino, hoy derrumbado.

A partir de primavera, en el entorno del Cevico, es encantador el canto de los pájaros, el croar de las ranas, el graznido de los patos, el ciz-zac de las culebras, el zambullido de algunas nutrias que por aquí invernan, poder ver, algunas veces, unas cuantas carpas tan grandes como ballenas pequeñas, unos lucios voraces como tigres de bengala, y miles de alevines que jamás llegarán a peces.

Así es el ambiente bíblico de un rincón idílico de esta casa de Espiritualidad de Dueñas.

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