El tercer encuentro nacional misionero: Jornadas únicas e inolvidables

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Quizás suena un poco exagerado el titulo, pero no hay mejores palabras que éstas a la hora de hablar de estos días del encuentro nacional misionero (16 y 17 de octubre de 2010) en Dueñas.

La peculiaridad de estas jornadas misioneras ha sido por un lado, el tema del encuentro que ha movido los participantes al final, a comprometerse por una sola causa que es, la “MISION”.

Todos somos misioneros y todos, miembros de una sola familia, esta gran familia de Arnoldo Janssen, cada uno con su granito y donde esté, queremos construir el Reino de Dios. Queremos que el corazón de Jesús llegue en los corazones de todos los hombres y las mujeres.

 Hay que destacar por otro lado la labor y la mayor participación de los laicos sea al nivel de la organización o al éxito de estas jornadas. Nos sintamos todos protagonistas en la labor de la Iglesia por anunciar el Verbo Encarnado.

A continuación, leemos la opinión de uno de los participantes en el tercer encuentro nacional misionero. Él que quiere opinar, comentar o compartir algo sobre este encuentro, nos puede contactar a través de esta dirección: modesvd@hotmail.com

“Muchos rostros, un solo corazón”, Tercer encuentro Misionero 2010

Por Alba Montalvo Iniesta (5º de Periodismo/Centro Universitario de Villanueva)

 emd_001“Muchos rostros, un solo corazón” con esta frase, lema de la canonización de Arnoldo Janssen y José Freinademetz, religiosos del verbo divino podríamos resumir lo que ha sido el Tercer Encuentro Misionero del Verbo Divino. Toda nuestra familia repartida por toda la geografía española ha salido al encuentro con un objetivo. El Verbo se hizo carne, identidad misionera. Recordar y anunciar la llamada a la misión de la que todos podemos participar.

 El lugar de celebración de este encuentro Misionero ya por tercer año consecutivo y con gran éxito de asistencia de nuestra familia misionera en España se celebró en la casa de la Espiritualidad de Dueñas (Palencia). Un lugar, sin duda acogedor en el que todos nosotros pudimos disfrutar del reencuentro de la comunidad y del reencuentro con el Señor que nos ha guiado estos días para que un año más nos juntemos con las mismas ilusiones y los mismos objetivos renovados de hacer de la misión, una filosofía de vida que se puede extender a todos los ámbitos de ella tanto de forma ordinaria como vocacional.

Ser cristiano y sentir la llama del espíritu Santo en nosotros es suficiente para emprender el recorrido por la senda de la espiritualidad hacia el fin último de este encuentro y de este día que ha sido tan importante para todos nosotros, la misión. Pero la misión no se debe escribir en mayúsculas, no tiene porque estar destinada a grandes obras y proyectos, estos días hemos aprendido que sembrando semillas se puede llegar a construir grandes sueños y que la ilusión y el esfuerzo colectivo para llevarlos a cabo es la herramienta para que cada una de las iniciativas que de este encuentro crezcan y fructifiquen.

Los organizadores del encuentro fueron los Misioneros del Verbo Divino, Las Siervas del Espíritu Santo y los laicos del verbo Misión. Sin ellos este encuentro no hubiera sido posible. Con ellos pudimos asistir a unas jornadas llenas de espiritualidad y sabiduría que emanaron de un mismo origen, volver a lo que hemos sido llamados, a la misión a través del diálogo profético que se traduce en tres pilares básicos: Salir al encuentro del prójimo, transformar el mundo que nos rodea y el compromiso con los demás.

Compromiso que debe ser afianzado a través de la comunicación de todas nuestras obras y proyectos en el mundo y que debe ser transmitido a nuestro público joven y mayor allí donde se encuentre. La comunicación en este sentido ocupa un lugar muy destacado que también pudimos debatir en nuestros encuentros.

La comunicación lo es todo, si hablo de comunicar también hablo de compartir. La buena comunicación está en dar, abrir tu alma y corazón sin esperar nada a cambio, es el punto de partida para crear vínculos comunes. Para dar a conocer nuestras obras y para animar a los futuros misioneros a que se sientan parte de una misma familia que es la de todos, como dijo nuestro padre fundador Arnoldo Janssen “Por el carácter internacional de la congregación, a través de la cual damos testimonio de la universalidad de la iglesia y de la fraternidad de los hombres”.

 Arnoldo Janssen escuchó la llamada del Señor y reconoció su voluntad de dedicarse a este proyecto con todas sus fuerzas, por eso, desde este Tercer Encuentro Misionero animo a que esa inquietud que duerme en nosotros despierte del letargo hacia la construcción de un mundo más justo allí donde estemos.

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