La piscina de Betesda (Jn 5,1-47)

¿Se imaginaba alguien que en esta Casa de Espiritualidad de Dueñas podría haber una piscina?

¡Pues deje de imaginar y venga a la realidad!

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Claro que hay.

Es uno de los rincones de esta casa (que es la tuya) más visitados y disfrutados en este tiempo del caluroso verano.

Es la que ves en la fotografía.

Para sacar esta foto aproveché un día en que los de casa no se zambullían, y el centenar de jóvenes que están disfrutando en esta casa de unas jornadas de convivencia han decidido salir hoy de marcha por la estepa castellana.

Por eso, aludiendo a lo que cuenta el evangelista Juan del tullido en la piscina de Betesda, cerca de Jerusalén, tampoco en ésta había movimiento milagroso de las aguas. En aquella de cuando en cuando bajaba un ángel del Señor y agitaba el agua para curar al primero que entrara. En ésta niños y niñas, jóvenes y adultos, ancianos y ancianas gozamos con el frescor de estas aguas purificadas. En ellas rejuvenecemos unos y nos hacemos ágiles como los otros…

Si la intervención de Jesús en aquella piscina de Betesda y en la otra de Siloé fue tan gratificante para un tullido y para un ciego, imaginaos lo que será ésta de Dueñas para todos los que en verano vienen a compartir con nosotros su fe, su vida y su descanso…

Abre la Biblia y vete a ver qué cuenta Juan de aquellas dos piscinas; ven también aquí y disfruta de este rincón de tu casa de Dueñas.

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