Juan Bautista

Cada Adviento resuena la palabra profética de Juan Bautista. Si en el pasado atrajo a muchas personas hasta el punto de crear un movimiento de discípulos, hoy su voz sigue resonando entre los creyentes.

¡Grita, Juan! Escuchamos tu mensaje.

 

juan_bautistaMt 3,1-12

Por aquellos días aparece Juan el Bautista, proclamando en el desierto de Judea: «Convertíos porque ha llegado el Reino de los Cielos.»

Éste es aquél de quien habla el profeta Isaías cuando dice: Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas. …Acudían a él de Jerusalén, de toda y de toda la región del Jordán; ellos reconocían sus pecados y Juan los  bautizaba en el río Jordán…Dad fruto digno de conversión… Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego.

Yo os bautizo en agua para conversión; pero aquel que viene detrás de mí es más fuerte que yo, y no soy digno de llevarle las sandalias. El os bautizará en Espíritu Santo y fuego.

 

Cuando leas

No leas sólo con los ojos, no leas como mero espectador. Que tu lectura, atenta y serena, sea escucha.

Fíjate en lo que dice el texto. Pueden ayudarte estas orientaciones:

Observa cómo está retratado Juan.

Persona austera, recta, firme, entregado al bautismo de conversión, sometido a Jesús…

Juan predica en el desierto, lugar de la escucha, de la prueba, de la experiencia religiosa del pueblo de Israel.

Dios quiere llamar al pueblo a un nuevo éxodo, para que construya una sociedad nueva.

Mateo le presenta con rasgos cristianos: El pregón de Juan es similar al de Jesús (Mt 3,2 y 4,17); está sometido a “otro más fuerte” que bautizará en “Espíritu Santo y fuego”, transformando hasta el fondo la vida del bautizado.

En su predicación Juan tiene éxito. Pide frutos, una nueva orientación a la vida. ¿Cómo aparece reflejado esto en el texto?

  

Cuando medites

Juan no era la Palabra, sino una voz que grita: “¡Llega la Palabra!” ¿Cómo puedo disponerme para escucharla?

¿Qué momentos voy a dedicar este Adviento-Navidad en la familia, en la comunidad, en el grupo, para leer detenidamente la Palabra de Dios?

Juan gritaba: “Dad frutos que prueben vuestra conversión”. ¿Qué frutos pueden mostrar mi conversión?

Vivir austeramente, porque no podemos hacer otra cosa al ver lo que vemos.

Hacer, pero hacer con amor.

Presentar la esperanza a hombres y mujeres de nuestra época, mientras trabajamos con ellos y por ellos.

Tener buen humor, algo necesario en tiempos inhóspitos.

Y, ante todo, ser, porque lo importante no es hacer, sino ser.

  

Cuando ores

Ábrete a la realidad eclesial, a la vida, a la situación actual del mundo. Sus anhelos son también los tuyos.

Suplica que Juan siga gritando. Que su voz llegue a los foros internacionales, a las cumbres políticas y económicas que deciden que los ricos del mundo sean cada vez más ricos, y los pobres cada vez más pobres.

Acoge la mirada amorosa de Dios. Quizá te convierta en Juan, o Juana…

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