|
Hace mucho, mucho tiempo comencé a enseñarte, rincón por rincón, esta mi casa, que es la tuya. En cada uno de sus rincones me parece ver una señal de la Biblia y te la muestro. 
¿Recuerdas aquella vez que estaban aquí unos sacerdotes haciendo ejercicios espirituales y, desde el rincón de la cocina, te invité a leer el capítulo 10 de Lucas para reflexionar sobre el ajetreo de Marta y la escucha atenta de María a los pies de Jesús?
¿O aquel otro día que te mostré el rincón más inhóspito, lleno de zarzas, y te invité a leer la parábola que viene escrita en el libro de los Jueces, capítulo 9?
Quizás te resultó más ridículo que gracioso aquello que escribí en Navidad enseñándote el portal de Belén que Martín había instalado en el centro de la capilla. Ante la escasez de figuras en aquel belén, se me ocurrió hacer una aplicación del Expediente de Regulación de Empleo con las figuras del “Nacimiento” (la E.R.E.).
Fue, simpelmente, una ocurrencia mía.

El rincón, o rincones, pues son dos, que te voy a mostrar hoy se me antoja que son reflejo de todo el libro de la Biblia.
Estos dos rincones están al fondo del gran vestíbulo de la casa. En dos estanterías de madera se ofrece a los visitantes una serie de libros de temática bíblica.
En esas estanterías del vestíbulo el número y el contenido de libros varía con frecuencia; en cambio en la Biblia están siempre los mismos libros.
Desde el siglo XVI para la Iglesia Católica son 73. Podíamos decir que 46 están en el estante del Antiguo Testamento y otros 27 en la estantería del Nuevo Testamento.
Es lo que se denomina Canon, la lista de los libros inspirados.

Si abres la Biblia encontrarás en el índice las secciones y el título de cada libro. En algunos viene el nombre del autor; de otros no se sabe ni quién los escribió.
En ese Canon hay libros de historia, de poesía, cartas, himnos, refranes, sermones, crónicas; está el registro civil de todo un pueblo y también el registro de la propiedad de ese pueblo.
Existen especialistas en el conocimiento y manejo de la Biblia que tienen el don de saber presentar las cosas más importantes de la manera más sencilla.
Conozco a uno que explica el contenido de los libros de la Biblia comparándolos con los distintos barrios y calles de una gran ciudad.
Pero esto te lo contaré otro día. |