| La Biblia y su mejor encuadre |
| En España - Casa de Espiritualidad, Dueñas |
| Escrito por Eugenio García |
| Jueves 29 de Diciembre de 2011 20:36 |
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Al atardecer del día primero del solsticio de invierno del 2011 sonó el teléfono en esta casa. Anochecía en Oriente.
-Alo… ¿es la ciudad llamada Dueñas, junto al río Pisuerga de la estepa castellana? -Sí, sí; dígame. -Soy Saray, de la ciudad de Ur, arqueóloga en la ribera del Eufrates de la estepa Babilónica en el lugar que ustedes llaman eden. ¿Es cierto que van a tener en estos días en esa casa de espiritualidad una jornada de estudio de -Así es, sí señora; está usted bien informada… -¿Puedo hablar ahora con el profesor García Recio? -Lo estamos esperando más de 50 Misioneros del Verbo Divino que nos hemos reunido en esta casa para escucharlo; pero él está bajando de la montaña de León y aún no ha llegado. -Lo siento; sólo quería saludarlo y advertirle, como colega, que seguimos descubriendo aquí en Oriente nuevos datos arqueológicos en torno a Saray cortó la comunicación telefónica y yo conecté el PC. En mi buzón de internet encontré este mensaje: Le escribo desde Menfis, en el delta del Nilo, en Egipto. He recibido la invitación para participar en unas jornadas bíblicas que tendrán ustedes durante estas navidades en la ciudad de Dueñas junto a la desembocadura del río Carrión en el Pisuerga. Por razones políticas más docentes que decentes no podré asistir. Ruego se lo comunique al Profesor García Recio. Yo, que aún no conocía al profesor García Recio, me quedé haciendo chiribitas con los ojos. Y no se hizo esperar el Profesor Jesús García Recio; la llamada de Israel no llegó… Como quien no quiere apabullar con sus hablares, este buen hombre nos presentó, primero, el programa para estos dos días. Dice que no pretende hacer exégesis literaria, ni análisis de los trillados géneros literarios de
En cierto momento nos dijo, con sentimiento de pena, que no es muy común que los cristianos de hoy leamos y recemos Al llegar a Jerusalén no se detuvo ni siquiera para contemplar las ruinas del templo donde fueron encontrados un día tantos papiros de
Él, así como vino se fue; sin hacer ruido ni levantar polvareda. Apenas le pudimos decir algunos: ¡Gracias!
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