| Éxtasis gozoso ante un cuadro macabro |
| En España - Casa de Espiritualidad, Dueñas |
| Escrito por Eugenio García |
| Viernes 25 de Marzo de 2011 21:47 |
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Curioseando objetos que a lo largo de estos 50 años se han ido colocando en las paredes de esta casa de Espiritualidad de Dueñas, que es la tuya, me detuve ante este gran mural que te presento para que también tú lo mires y lo admires.
también la sección de la izquierda está dirigida hacia el centro. Me devanaba los sesos hurgando en su sentido. Cerré los ojos para ver más claro lo que quería enseñarme la pintura. Alucinado por lo que estaba viendo, me acerqué al mural para buscar alguna pista que iluminara mejor mi visión. Y, en el reverso, había una sencilla leyenda que decía:
VIDA: Lázaro frente a un mausoleo indio. Su hermana María está representada en forma de lágrima bajo la mano de Jesús. El árbol Bañán, junto al mausoleo, es venerado como árbol de vida. Un grupo de gente (parias) busca trabajo en la ciudad. Sus tiendas están al lado del cementerio, considerado territorio tabú. Un ciego, junto al río, suplicando, pertenece a los parias: doble marginado. Cristo es el Revelador y el Mediador, el Señor glorificado y el Siervo de Dios. Moisés está representado por un rishi: sabio indio. La samaritana, junto al pozo de Jacob. Del chorro de agua brotan las flores de loto. Esta flor hace alusión a la resurrección. El árbol amaltas es sagrado e indica que el lugar también lo es. El esqueleto, alusión a Adán, por el cual el pecado está en el mundo; hace alusión a todos aquellos que pasan hambre, que deben soportar la ‘muerte social’ de la gente sin casta. Volví a sentarme en el suelo, apoyando la espalda en la pared frente al cuadro. Con esa leyenda identifiqué las figuras; pero no captaba su mensaje. A punto de renunciar a descubrirlo, se me encendió la luz de
Ezequiel 37,1-14 La mano del Señor se posó sobre mí y, por su espíritu, me sacó y me puso en medio de la vega, la cual estaba llena de huesos. Me hizo pasar por entre ellos en todas las direcciones. Los huesos eran muy numerosos por el suelo de la vega, y estaban completamente secos. Me dijo: «Hijo de hombre, ¿podrán vivir estos huesos?» Yo dije: «Señor, tú lo sabes.» Entonces me dijo: «Profetiza sobre estos huesos. Les dirás: Huesos secos, escuchad la palabra de Yahveh. Así dice el Señor a estos huesos: He aquí que yo voy a hacer entrar el espíritu en vosotros, y viviréis. Os cubriré de nervios, haré crecer sobre vosotros la carne, os cubriré de piel, os infundiré espíritu y viviréis; y sabréis que yo soy Yahveh.» Yo profeticé como se me había ordenado, y mientras yo profetizaba se produjo un ruido. Hubo un estremecimiento, y los huesos se juntaron unos con otros. Miré y vi que estaban recubiertos de nervios, la carne salía y la piel se extendía por encima, pero no había espíritu en ellos. El me dijo: «Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre. Dirás al espíritu: Así dice el Señor: Ven, espíritu, de los cuatro vientos, y sopla sobre estos muertos para que vivan.» Yo profeticé como se me había ordenado, y el espíritu entró en ellos; revivieron y se incorporaron sobre sus pies: era un enorme, inmenso ejército. Entonces me dijo: «Hijo de hombre, estos huesos son toda la casa de Israel. Ellos andan diciendo: Se han secado nuestros huesos, se ha desvanecido nuestra esperanza, todo ha acabado para nosotros. Por eso, profetiza. Les dirás: Así dice el Señor: He aquí que yo abro vuestras tumbas; os haré salir de vuestras tumbas, pueblo mío, y os llevaré de nuevo al suelo de Israel. Sabréis que yo soy Yahveh cuando abra vuestras tumbas y os haga salir de vuestras tumbas, pueblo mío. Infundiré mi espíritu en vosotros y viviréis; os estableceré en vuestro suelo, y sabréis que yo, Yahveh, lo digo y lo hago, oráculo del Señor.» Me pareció clara la alusión de este oráculo a la resurrección de los muertos; pero dicen los que saben, que en tiempos del profeta Ezequiel no se creía en la vida del más allá. ¿Cómo iba a hablar el profeta de eso en su libro? Sin embargo, los israelitas de aquel tiempo admitían perfectamente que Dios podía devolver la vida. Pensé, entonces, que el oráculo de Ezequiel responde a los problemas y a la situación del pueblo desterrado, situación de desamparo después del hundimiento de sus ilusiones y de todo cuanto tenía. La palabra del espíritu, transmitida por el profeta, va a re-crear al pueblo a partir de la nada en que ha caído, re-creación que le permitirá ponerse en pie y revivir; palabra veraz que promete el espíritu del mismo Dios, que devolverá al pueblo del destierro a la vida libre en su país. Ensimismado en responder a tanto interrogante, me di cuenta de que en la maceta donde está la flor de loto había un nombre escrito, la firma del artista indio que pintó recientemente el cuadro para la organización alemana Misereor.
Me quedé gozosamente extasiado ante lo que en un principio me había parecido macabro.
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