| Empapado de África |
| En España - Animación Vocacional |
| Escrito por Modesto |
| Martes 01 de Marzo de 2011 17:59 |
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Seminaristas de 10 nacionalidades distintas que propagan la pastoral de la alegría
Me llamo Óscar de la Fuente y actualmente me encuentro estudiando quinto de periodismo. En este año hay una costumbre universitaria llamada ‘viaje de fin de carrera’, una experiencia que suele ser recordada a medida que pasan los años. Desde primero quería que éste no fuera un viaje más. En un descanso hablando con una compañera soñamos con la posibilidad de que el destino fuese África. Queríamos ir porque buscábamos abrir nuestros horizontes, tener un contacto real con la pobreza e incluso redescubrirnos a nosotros mismo. Sorprendentemente, nuestro sueño al empezar la carrera se hizo realidad cuatro años después. Nos alojamos en una casa del Seminario de los Misioneros del Verbo Divino, a pocos kilómetros de Nairobi, en el barrio de Langata donde existe una comunidad de 31 miembros de 10 nacionalidades distintas: Brasil, Congo, Ghana, India, Fiji, Kenia, Zimbabue, Togo, Indonesia y Zambia. Muchas sensibilidades distintas que crean una sola familia. Desde el principio, todos ellos intentaron que nos sintiéramos como en casa. Y así fue. Estaban atentos hasta al más mínimo detalle. A veces te bastaba con pensar que algo te faltaba en la mesa para que apareciese un seminarista con lo que buscabas, y siempre con una gran sonrisa. Durante nueve días pudimos convivir con estos 24 estudiantes de teología que se preparan para el Sacramento del Orden; tres de ellos se encuentran en su último año ya que son diáconos. Se unen al grupo un estudiante y dos sacerdotes que están profundizando en el aprendizaje del idioma, a los que hay que añadir 4 sacerdotes más que son los formadores del Seminario. Cuando uno está allí llama la atención la internacionalidad y diversidad de lenguas pero a la vez la profunda comunión. Además, de la juventud de los que en un futuro serán sacerdotes –algunos de ellos incluso vendrán a sembrar esperanza a Europa en un futuro-. Pese a que hayan pasado 26 años desde que llegasen los misioneros del Verbo Divino a Kenia, la congregación no ha perdido su frescura.
Fue una gran riqueza personal compartir con ellos unos días y pasear por sus calles por asfaltar. Personalmente, este viaje ha permitido que parte de mi corazón se quede en África. Gracias a esta experiencia he conocido una realidad que ahora me incumbe. He podido tocar la pobreza y ver la felicidad del que tiene la décima parte de lo que yo tengo. Incluso cuestionarme el calificativo de tercer mundo que tienen estos países. Es cierto que tienen necesidad de una mejora técnica e industrial, de un reparto justo de la riqueza. Sin embargo, tienen una fortuna que convierte a occidente en un mundo por desarrollar: la alegría de vivir. Parece que nosotros hemos olvidado el gran don de estar vivos. También he podido comprobar el abrazo que Dios lanza a este continente a través de la Iglesia. Los africanos saben mirar a lo alto y alzar las manos en alabanza, no hay más que ver la vitalidad de sus parroquias y su elevado número de fieles, su espíritu de hermandad y de saber compartir lo que se tiene, la esperanza que se veía en sus rostros, las numerosas vocaciones a la vida religiosa o al sacerdocio… todo ello me hace pensar que el futuro de la Iglesia y del mundo se gesta en África. |