El Domund: Óscar González, misionero del verbo divino nos escribe desde Congo

Queridos compañeros de la Provincia de España:

Algunos habéis recibido el mensaje que Adolfo nos ha enviado en su comunicación provincial relativa al accidente que hemos padecido con el vehículo del Provincial de Congo. Después de bastantes días sin electricidad, ayer volvió, aunque muy débil, así que aprovecho hoy para contaros lo sucedido.

El pasado 11 de octubre salimos de Kinshasa dos land rover (la del provincial y la de nuestro escolasticado) camino de Ngondi, a unos 350 km hacia al este, para acudir al retiro provincial. En nuestro vehículo íbamos el provincial (el conductor), el predicador (un sacerdote oblato) y detrás otros tres compañeros verbitas.

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Después de haber recorrido unos 200 km , a las 7:40 de la mañana, en una recta (este tramo de carretera ha sido asfaltado hace un año), comenzamos a notar algo así como un pinchazo, pero inmediatamente el vehículo empezó a hacer zig-zag y a balancearse. Para mí esto era algo totalmente nuevo. Vimos que el provincial hacía enormes esfuerzos por mantener la dirección con el volante y seguir en línea recta, pero le resultaba imposible. Seguimos avanzando unos doscientos metros, pero cada vez con más balanceos.

Nos salimos un poco de la carretera hacia la derecha, y al intentar volver a la carretera, el giro fue muy brusco y el vehículo se volcó hacia el lado derecho, en el que nos encontrábamos el predicador y yo. Dimos dos vueltas de campana, y el vehículo se paró del lado izquierdo, en el sentido contrario. Todos salimos ilesos y por nuestro propio pie.

El predicador tuvo una herida abierta en el brazo derecho, yo tuve varias heridas menores en el brazo derecho y en la pierna, con muchas magulladuras y moratones en toda la parte derecha del cuerpo. Los otros compañeros sólo tuvieron contusiones, aunque uno sentía presión en el pecho y tuvo que volver rápidamente a Kinshasa. Ninguno padeció heridas o golpes graves. El resto, después de pasar por un dispensario, continuamos hacia el lugar del retiro, y yo volví a Kinshasa el sábado pasado.

 Ahora, pensándolo en frío, creo que todos deberíamos haber vuelto inmediatamente. El origen del accidente se encuentra en la rotura del eje de transmisión trasero, como apreciaréis en una de las fotos. Aunque el vehículo sólo tiene dos años, la pieza en cuestión, que venía con el vehículo de fábrica, no es de buena calidad. Hemos constatado que no es de acero, sino de hierro forjado (luego quebradizo) y muy delgada donde se rompió, comparado con otra pieza similar que trajeron de Kinshasa para repararlo. Con esa pieza rota, el control del vehículo se hizo imposible.

Además, hubo un pinchazo. La carrocería está destrozada, pero su solidez (de acero) impidió que ésta se aplastara y que nos aprisionara, a pesar de las dos vueltas de campana. La verdad es que nadie se pasa a creer que no haya habido ni muertos ni heridos graves, y la gente nos dice que somos “muertos vivientes”. Nos pasó lo menos malo que pudo suceder, e incluso “lo mejor”. Me explico. No íbamos rápido, en una recta (en ligera bajada, y luego en ligera subida), con visibilidad perfecta. Había un camión en nuestra calzada, estropeado, con gente alrededor, y en el momento en el que el provincial se disponía a adelantarlo, comenzaron los problemas. Yo no me di cuenta enseguida, pero el vehículo no respondió y ahí ya estuvimos a punto de estrellarnos con el camión. Seguimos en una ligera cuesta arriba, lo que deceleró en parte el vehículo. Cuando íbamos sin control, nadie vino por delante, ni tampoco cuando nos volcamos.

Y el vuelco tuvo lugar unos cincuenta metros antes de que comenzara un peligroso descenso, con fuertes pendientes, hacia el río Kwango. Luego lo mejor que pudo pasarnos fue “estrellarnos” donde lo hicimos. En caso contrario, no lo habríamos contado. Para todo el mundo ha sido un milagro, sobre todo porque el pasado 27 de septiembre, en esa misma carretera, de vuelta de las ordenaciones de siete diáconos SVD, el vehículo de los familiares de uno de ellos se estrelló contra un camión averiado y hubo cinco muertos, con unas consecuencias dramáticas, y aún estamos todos bajo shock.

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Os agradezco a quienes me habéis escrito, y os pido que nos tengáis presentes en vuestras oraciones, con especial agradecimiento a Dios por mantenernos vivos. Todavía yo mismo no me lo paso a creer. Estoy tomando analgésicos contra el dolor, y recibo masajes de uno de nuestros enfermeros. Después de ver la evolución de los demás ocupantes del vehículo, creo que el más contusionado he sido yo, por haber estado ubicado en el lado que recibió el primer impacto contra el suelo. Estos días apenas he dormido, debido a los dolores que siento en posición horizontal. Aunque desde hace tres noches ya duermo mejor.

Además, está el shock emocional, con el parón que ha supuesto en mi ritmo bastante frenético de trabajo, con los presupuestos aún por concluir, sin luz en casa, y sin el vehículo del provincial… Para una provincia como la nuestra, en situación delicada, esto ha sido un gran golpe, aunque logramos evitar lo peor. Uno de los consejeros, polaco, me decía en broma que podría haber sido como el accidente del avión del presidente polaco, cuando muchos altos cargos polacos fallecieron a la vez, ya que íbamos el provincial, el ecónomo, el representante legal y el prefecto del filosofado. La provincia se habría quedado decapitada de golpe. De nuevo os agradezco por vuestro apoyo y oración.

Un abrazo desde Congo.

Óscar González

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