Coronavirus, marzo de 2020

“Todo progreso científico no puede ser reducido a máquinas o engranajes…la humanidad necesita personas de acción, pero también necesita soñadores.” (Marie Curie)

    TODO PROGRESO CIENTÍFICO

Todo lo humano, tiene algo de maravilloso porque saca de nosotros lo mejor y en situaciones límites aparece la otra cara de la moneda. Somos ambivalentes.

El coronavirus es ese enemigo invisible que ha declarado la guerra a muchos países, ha saltando fronteras, nos ha encerrado en casa, y buscamos como vencerlo. No lo vemos pero sus consecuencias están a la vista. Esta pandemia inesperada, no estábamos preparados, es una visita incómoda, invisible, con muchas muertes, e incontrolable.

Esta pandemia está cuestionando el progreso científico si no está al servicio del ser humano. Si somos sinceros la globalización, el díos dinero, dios economía, no estaba al servicio de todos. Ahí está el tercer, el cuarto mundo con sus pobres y marginados. Ahí están algunas instituciones internacionales casi inútiles, con muchas reuniones, sin acuerdos, sin frutos para los habitantes de este planeta. Creíamos que las  grandes enfermedades venían de esos países. Cuando lo sufren China, Corea, Italia, España, Francia, Estados Unidos es cosa seria y adquiere dimensiones mundiales. Cuando lo padece Europa, tenemos que guardar nuestro orgullo y aceptar la ayuda de esos otros países que en parte no habíamos respetado ni tenido en cuenta.  No somos omnipotentes. El coronavirus nos ha arrodillado a muchos.

Ha pasado al ataque en muchos frentes, lo padecen políticos, periodistas, ricos, pobres, deportistas, médicos, obispos, ancianos, creyentes y no creyentes.   

Ha parado grandes eventos, musicales, tecnológicos, deportivos, reuniones internacionales, el turismo, la cultura. Ha vaciado las calles y llenado los hospitales, ha parado la economía, nuestra vida cotidiana, nuestro desarrollo. Ha cerrado comercios, centros deportivos, escuelas, ha tocado la educación y la sanidad. Suspensiones, cancelaciones, aplazamientos. Pasa por encima de religiones, costumbres y cierra fronteras. Sin Fallas. ¿Sin Semana Santa y sin procesiones? Ha tambaleado a las líneas aéreas. Aunque podré volar, soñar libremente.

Va a traer mucha cola…nos está dejando muchos desiertos. Doña economía está en la cuerda floja. Está solucionando la contaminación y saneando el aire que las grandes potencias o la reunión de Tokio no consiguieron. El coche, el consumismo, el placer a toda costa y ya… y otras muchas cosas que las creíamos necesarias-imprescindibles-todopoderosas en este mes de enero, febrero, muchas se han caído. Es realidad, no película ficción.

¿Quién lo iba a decir que la vida sigue sin la liga de fútbol, sin finales, sin tenis, sin ciclismo Tour, Giro, la Vuelta, sin baloncesto, sin motorismo, sin selecciones, sin competiciones, sin los restaurantes, sin cines,  sin los bares, y quizá sin juegos olímpicos?  Esto sucedió este mes, y parece que  fue el siglo pasado. Esta pandemia ha parado los pies a muchos.

Estas cifras de matemáticas que nos entran por los ojos y llegan al corazón, contagiados, muertos, ciudadanos que han vencido el coronavirus, hablan y son portadoras de angustias, dolores. Los números son más que números, son seres humanos de carne y hueso.

El concilio Vaticano II, dio este diagnóstico en su Constitución Pastoral o Gaudium et spes  en 1965.

Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón. (La iglesia en el mundo actual nº 1)    

“SE PUEDE PENSAR CON TODA RAZÓN QUE EL PORVENIR DE LA HUMANIDAD ESTÁ EN MANOS DE QUIENES SEPAN DAR A LAS GENERACIONES VENIDERAS RAZONES PARA VIVIR Y RAZONES PARA ESPERAR”. (Constitución Iglesia en el mundo actual nº 31)

LA SITUACIÓN DEL HOMBRE EN EL MUNDO DE HOY

“El género humano se halla en un período nuevo de su historia, caracterizado por cambios profundos y acelerados, que progresivamente se extienden al universo entero. Los provoca el hombre con su inteligencia y su dinamismo creador; pero recaen luego sobre el hombre, sobre sus juicios y deseos individuales y colectivos, sobre sus modos de pensar y sobre su comportamiento para con las realidades y los hombres con quienes convive. Tan es así esto, que se puede ya hablar de una verdadera metamorfosis social y cultural, que redunda también en la vida religiosa.

Como ocurre en toda crisis de crecimiento, esta transformación trae consigo no leves dificultades.   Así mientras el hombre amplía extraordinariamente su poder, no siempre consigue someterlo a su servicio. Quiere conocer con profundidad creciente su intimidad espiritual, y con frecuencia se siente más incierto que nunca de sí mismo. Descubre paulatinamente las leyes de la vida social, y duda sobre la orientación que a ésta se debe dar.

Jamás el género humano tuvo a su disposición tantas riquezas, tantas posibilidades, tanto poder económico. Y, sin embargo, una gran parte de la humanidad sufre hambre y miseria y son muchedumbre los que no saben leer ni escribir. Nunca ha tenido el hombre un sentido tan agudo de su libertad, y entretanto surgen nuevas formas de esclavitud social y psicológica.

LA HUMANIDAD NECESITA PERSONAS DE ACCIÓN

Asistimos con mucho asombro, gusto y aplaudimos la generosidad, la responsabilidad, el buen hacer de personas, grupos de acción que aportan soluciones.

La medidas del gobierno son buenas, pero tenían que haber llegado antes, por la experiencia vivida con éxito en China, por lo ocurrido en Italia que tenemos cerca.

Han dejado la palabrería inútil, los partidos políticos piensan en plural y en función de los ciudadanos. Ya era hora. Se pone de actualidad, estaba en el olvido: que si has tomado partido por la justicia, recuerda que la justicia está por encima de de tu partido.

Como no podemos abrazarnos ni saludarnos, la distancia es un buen método para detener al enemigo, los aplausos es nuestro modo de reconocer esa labor altruista por los demás. La ausencia de contacto, no significa ausencia de amor. Cuando la sociedad tiene grupos responsables, valientes, gentes que llevan en su DNI el voluntariado, la solidaridad y en España los hay y en cantidad, estamos salvados. El voluntariado, la solidaridad es ese ejército eficaz, muchas veces invisible, siempre beneficioso para luchar contra el ataque generalizado de esta pandemia.

Estas personas con su testimonio nos muestran para sonrojo nuestro que hay otro virus bien peligroso: el egoísmo que también paraliza a muchos y a muchas cosas.

Estos aplausos como reconocimiento resuenan para los médicos, enfermeras, personal de limpieza en el campo sanitario, para los hombres y mujeres del campo.  Aplausos para nuestros ancianos el grupo más castigado, para los vivos y los muertos. Ellos lucharon y trabajaron para y por lo que ahora disfrutamos. Con ellos hemos superados otras crisis. Les debemos mucho, hay que reconocerlo.

Los agricultores y ganaderos, sí, esa España vacía, vaciada, rural, inexistente para muchos, entre ellos la administración política-pública del estado, los partidos políticos, ya han salido a la calle gritando por sus derechos. Los labradores, sí,  los que aman el campo, están ahora doblados recogiendo los frutos de la tierra, nos están abasteciendo para que tengamos lo necesario cada día. Ellos que reciben tantas ingratitudes nos cuidan ahora. Podemos necesitar de otros profesionales pero del agricultor, lo necesitamos cada día, a la hora del desayuno, de la comida, de la merienda, de la cena. El aplauso y bien sonoro para ellos como recompensa de tanta ingratitud recibida.

Los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, Ejército, que con muchos riesgos cuidan de todos, para que cediendo parcelas de nuestra libertad, podamos tener protegida la vida, la salud, un bien por encima de otros derechos en estos momentos. El sonar de las sirenas de sus coches nos devuelven los aplausos agradecidos que reciben de la ciudadanía.

Los balcones lugar de las flores, han recuperado el calor humano que da la música para disfrute de todos los vecinos.

Las calles lugar de tantas prisas, lugar de trabajo para muchos han recuperado el calor humano, que con su lenguaje llevan unas dosis de vitaminas que revitalizan al cuerpo que llamamos sociedad, vecindad, humanidad. Balcones y sus habitantes, calles y sus habitantes, manos que hablan y reconocen el trabajo de otros, se convierten en sonoros aplausos.

Estamos en cuarentena para proteger nuestros cuerpos en la sociedad civil. Estamos también en cuarentena, que los creyentes llamamos cuaresma, para proteger y alimentar nuestra dimensión espiritual, religiosa, preparándonos para celebrar la vida entregada, pasión, muerte y resurrección que nos recuerda: el hombre puede tener la penúltima palabra en muchas cosas, la última, ultima la tiene Dios.

¿Quién dice que este año no tenemos Semana Santa, que no hay procesiones?

Y bien reales las dos. Quizá estemos viviendo la primera con gran profundidad e intensidad, porque tiene nombres, rostros y cuerpos enfermos, doloridos, agotados, discapacitados, deshabitados, sin sentido vital, sin dignidad, desgarrados, pisoteados, vendidos, muertos. También cuerpos de Cirineos, Verónicas  en cantidad y de gran calidad humana y cristiana. Recuerdo que en tu PALABRA, tú el Nazareno se te conmovieron las entrañas, te dio un vuelco el corazón, te implicaste, te comprometiste a tope, pasaste por nuestra tierra “haciendo el bien y curando”.

Y la procesión va por dentro y todos juntos en el seno de la familia. Ese altar llamado hogar que está recuperando actualidad e importancia, está hablando desde los balcones, está dando muchas opiniones, juicios de valor y se recupera de tantas agresiones y leyes que no le ayudan.

Soñamos, vislumbramos la victoria, el triunfo. Llega la Pascua, la Resurrección la mayor fiesta cristiana.

 Estos días de cautiverio, con tiempo,  estoy leyendo el Norte de Castilla. Mi felicitación y aplauso por los análisis, reflexiones, editoriales  y posibles soluciones. Incluyo a todos los medios de comunicación, las nuevas tecnologías que han abierto sus puertas y la ciudadanía puede expresarse.

El coronavirus nos ha cambiado la vida, estamos con miedo, con incertidumbre y luchando para vencerlo. Nos ha puesto a todos en  peligro, en jaque mate. Es una guerra rara. Nos ha frenado en seco. Una gran aportación es cuidarnos unos a otros, es ser responsable. Es un gran valor. Esta pandemia puede reeducarnos, puede que ayude a renacer nuevos valores válidos para todos. Que coticen más y mejor que los de la bolsa. Nos iría mejor a todos. ¡Qué raro y triste que aparezca la palabra necesidad, penuria, que tiemblen los salarios más bajos! ¿Estamos en la edad Media?

ES UN  PRIVILEGIO…

Es un privilegio que las empresas aporten lo que ahora se necesita en salud, en sanidad.   Es beneficio para todos.

Es un privilegio y bendición el tener trabajo, salud,   es un gran bien el teletrabajo que desde casa favorece la conciliación familiar. Más horas con los hijos es todo un gran regalo, un extraordinario premio.

El “yo me quedo en casa” por el bien de los demás, para no contagiarlos es una gran aportación en la lucha y solución contra el enemigo, contra el coranavirus. Lo estamos haciendo todos, o casi. Venceremos siendo solidarios, respetuosos con y por los otros. En esta lucha la mejor defensa es encerrase.

Es un privilegio descubrir que las prisas no son buenas. Que el silencio es beneficioso cuando es elegido. Que se puede vivir de otra manera, y mejor. Que una ética con grandes valores es curar, sanar cuerpos, sanear instituciones, remediar situaciones injustas. El trancazo que viene lo vamos a sufrir todos y mucho el ámbito familiar. Cuando nos tocan el bolsillo, la cartera, saltan chispas en cualquier lado… Palabras para definir al enemigo: enfermedad contagiosa, virus, bichito visitante inoportuno, amenaza invisible, pandemia, plaga, coronavirus, ¿cuál prefieres? nos obliga a pensar, repensar, a reflexionar el rumbo que llevamos. Nos deja una pregunta a todos:

¿cuál es el sentido de tu vida?                                                                             

 Es un privilegio mirar desde la ventana y ver la belleza exterior, la naturaleza y ver la belleza de nuestros vecinos, de tanta gente de buen corazón.

Es un privilegio que la solidaridad ocupe este puesto tan importante en nuestras relaciones humanas, en nuestra sociedad. Es una riqueza enorme, una renta per cápita distributiva que merece el mejor de los premios, porque es de muchos.

Es un privilegio descubrir, redescubrir, lo bello, lo noble, lo positivo que todos tenemos, el regalo de la vida. El respirar aire limpio, lo agradecen los pulmones. El alto ritmo de vida que llevábamos y no nos dábamos cuenta. Ahí no estaba la felicidad.

Es un privilegio que la mejor medicina que tiene el ser humano en esta lucha es la de ser solidario, pensar en los demás, la tiene, está en el corazón compasivo, no está en los laboratorios.

 Y SOÑADORES

El cerrar los templos, el no tener eucaristías presenciales son medidas muy dolorosas para los creyentes. La ausencia de contacto, en estos momentos, por el bien y la salud de todos, no significa  ausencia de amor por los fieles. Sabemos que las misas, los templos, los sacerdotes, todos los que formamos la iglesia son añorados por sus aportes espirituales para el ser  humano que necesita llenar su interior y encontrar respuestas a  tantos interrogantes y preguntas. La Biblia, palabra de Dios debe recuperar su lugar privilegiado en la vida de los creyentes españoles. Una biblia en cada familia. El cristianismo es la “religión de la Palabra” nos recordaba Benedicto XVI.  Apaga el ruido que tienes en tu exterior, viaja a tu interior a tu santuario. A Dios se le escucha y habla también fuera del templo, en el prójimo, en la donación, en el testimonio, en la reflexión profunda, en el servicio y acontecimientos diarios que estamos viviendo. La Biblia, el Evangelio no se puede cerrar, siempre tiene las puertas abiertas. El creyente encuentra ahí su casa que es signo y presencia de Él.

Sanitarios, voluntarios, policías, servicio administrativo, limpieza, asistencia social, transportistas, agricultores  y ganaderos, medios de comunicación social, redes sociales, Cáritas, sacerdotes, las ONG,  gracias. Nuestra oración por todos vosotros pero de forma especial por los contagiados del coronavirus para recobrar la salud, por los muertos y su eterno descanso, por el consuelo para sus familiares en estos momentos tan duros.

En la Encarnación del Verbo, 25 de marzo, nos lo dice teológicamente san Juan y lo rezamos en el Ángelus: “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. Nos lo recuerda poéticamente Federico Gª Loca:   

“El Señor está contigo, aún más que con Dios, tu carne ya no es tu carne, tu sangre ya es para dos”.  

El Verbo, Jesús, el hijo de María toma en serio hacerse carne, tiempo, historia y participa en todo lo nuestro, ser de nuestra humanidad. Así lo queremos y necesitamos, de carne y hueso, cercano, humano y divino.  

“Tengo esperanza en la humanidad. Vamos a salir mejores”. (Papa Francisco)

  Euquerio Ferreras

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