Anselmo Ribeiro, desde Dueñas: “Te envío el artículo sobre liderazgo que me pediste”

Anselmo

Qué decir del liderazgo, de lo que tanto se habla hoy por hoy en la grandes organizaciones y, a la vez, entre nosotros, los del Verbo Divino.

En los últimos meses me he dedicado a estudiar y reflexionar sobre este tema desde las clases y sesiones de coaching en ESADE, una escuela de negocios catalana, de inspiración jesuita y con campus en Madrid.

El tema del liderazgo empieza con un abordaje personal y de autogestión. Sí, se hace necesario que uno mismo empiece a descubrir sus fortalezas y debilidades para que pueda desempeñarse desde las primeras, por supuesto. Tanto las fortalezas como el desempeño son únicos, sea por nacimiento o de crianza y tiene que ver con la personalidad. Para Peter Drucker, uno de los más famosos en tema del liderazgo, solo hay una forma de conocerlas: a través del análisis de feedback. Los otros dirán cuáles son nuestras fortalezas y debilidades.

Llegamos a un punto que puede ser problema para nosotros. Es que la cultura del feedback o la retroalimentación, pasa muy de largo en nuestra cultura institucional, por decir, religiosa y misionera. La práctica de evaluar, de escuchar y decir lo que se piensa acerca de un proyecto o trabajo muchas veces no nos pertenecen. Elegimos actuar como personajes iluminados, que saben y por saber no necesitan oír, evaluar, retroceder.

Además de permitir que las acciones lleguen al objetivo de un proyecto o de una comunidad, con los ajustes necesarios o con los refuerzos para que se alcance la meta prontamente, la cultura del feedback debe de generar otros hechos importantes para la acción del liderazgo como la confianza y la gratitud.

“La confianza es el material que nos permite la interacción con los otros, un fenómeno esencial para poder relacionarnos con los demás”, afirman Silvia Guarniei y Miran Diaz, en su libro “No es lo mismo”. La capacidad que tendremos de intervenir en el mundo, o simplemente en las cosas ordinarias bajo nuestro liderazgo, dependen de la confianza en nosotros mismos, en las personas que nos rodean y hasta en el mundo en que habitamos. Cuando no la tenemos, cultivamos el temor y todo se vuelve mucho más amenazante y peligroso. El líder que desconfía solo puede generar relaciones basadas en el poder.

La confianza será fortalecida desde la sinceridad, la competencia y la credibilidad. Ella podrá alimentarse, construirse e incluso reconstruirse de manera voluntaria. Se hace necesario querer confiar.

“La gratitud es el hábito de la gente feliz. Los que suelen ser agradecidos son receptivos para todo lo bueno que hay a su alrededor”, afirma Gabriela Soberanis en su artículo en la revista digital Mundo Coaching. ¡Ojo! Dar gracias no es lo mismo que ser agradecido. Mientras la primera tiene algo que ver con la acción, la segunda es algo que sentimos, tiene que ver con lo emocional. Podemos dar gracias y no sentir nada. La gratitud es ante todo la toma de consciencia de que hemos sido provistos de un obsequio o de algo especial. Es un hábito y por lo tanto hay que practicarlo.

Ambos, confianza y gratitud, tendrán sus espacios en las relaciones de liderazgo, a lo grande o a lo chico, desde que empecemos a valorar el diálogo o a cultivar el feedback en nuestro servicio de líderes.

Por fin, los valores de la institución deben de estar en el centro de la gestión inspirando cada acción de liderazgo y ser compatibles con los valores del mismo líder y de sus liderados. “No es necesario que sean los mismos, pero que se parezcan suficiente para al menos coexistir”, afirma Drucker. De lo contrario habrá frustración y pocos resultados de trabajo. Todos tenemos valores, así como toda institución. No hablamos de los valores éticos que siempre son para todos y no hay como decir que no son compatibles con uno u otro. Aquí hablamos de lo que mueve la institución y que proviene de su misión y visión. Para una congregación misionera ¿qué es lo que le mueve y lo que quiere desde su carisma? ¿Es posible asumir cargos de liderazgo sin darse cuenta que hay un motor que debe mover a todos y que son los valores de la institución? ¿Es posible que el líder reemplace los valores de la institución por los suyos o de otros?

¿Cuáles son los resultados acerca de un proyecto exigente en cuanto a los esfuerzos, pero desalineado con los valores?

Son preguntas que nos toca a todos los que trabajamos muchísimo y, no rara veces, cosechamos poco. Son cuestiones dirigidas a todo tipo de líder, en la pastoral, en la comunidad, en la empresa u otros lugares. Todos ejercemos liderazgo e influimos sobre otros.

Las respuestas a las preguntas anteriores puede ser que no las tengamos nosotros, pero muchos de los que se nos acercan pueden intuirlas y solo las comunicarán en un espacio formal y de confianza, como el del feedback o de la evaluación responsable.

La cultura del feedback y la gestión por valores no nos quitan la mística del liderazgo cristiano, en donde hay una constante búsqueda por conformar sus proyectos a los de Dios. Tampoco nos quitan la práctica del servicio. Al revés, son herramientas para la eficiencia del  mismo servicio y para que los frutos que proveerá Dios sean mucho más abundantes y para que la carga sobre los hombros del líder pueda ser un poco más ajustada, llevándolo así a seguir con más empeño en este mismo servicio.

Anselmo Ribeiro, SVD

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