El evangelio de la misericordia – Encontrar al perdido (Lc 15)

El capítulo 15 de Lucas puede considerarse el “Evangelio dentro del Evangelio ‘. DE forma seguida Lc narra tres parábolas de Jesús, las tres tratan el tema de la misericordia infinita de Dios.

1. La parábola de la oveja perdida (vv.3-7) – el pastor, que “pierde” una oveja y ‘la encuentra’.
2. La parábola de la moneda perdida (vv.8-10) – la mujer, que “pierde” una moneda y ‘la encuentra’.
3. La parábola del hijo perdido (vv.11-32) – El padre, que “perdió” a un hijo y ‘lo recuperó’.

En las tres parabolas se han “perdido” y “encontrado” elementos que incluyen fiesta y regocijo. Se narran en el contexto de compartir la mesa, cuando un grupo de fariseos y escribas critica a Jesús por comer con los pecadores y los marginados. Se sentían ofendidos porque Jesús él libremente se relacionaba con los pecadores y los trataba generosamente. Por otro lado, los fariseos seguían estrictas normas de pureza con el fin de mantenerse apartados lejos de los pecadores y no incurrir en contaminación. Pero para Jesús nadie estaba excluido de la misericordia y la compasión de Dios. Por lo tanto, él les contestó a sus alegaciones con tres parábolas que estaban sacadas de la vida cotidiana.

La oveja perdida
La Biblia hebrea está llena de las imágenes de Dios como “pastor” de Israel. Cada judío religioso conocía bien el Salmo 23 que decía: “El Señor es mi pastor, nada me falta.” Por otra parte, estaba la crítica de Ezequiel a los pastores de Israel, que se centraban en sí mismos y buscaban su propio bienestar en lugar del de su rebaño y que contrastaba con la forma en que el Señor guiaba a Israel (Ez 34,1-16) en la literatura profética: “yo mismo seré el pastor de mis ovejas, y haré que se acuesten, dice el Señor Dios. Yo buscaré la perdida, y haré volver a la extraviada, y voy a vendar a las lisiadas, y voy a fortalecer a las débiles; y a las gordas y las fuertes las destruiré. Las apacentaré con justicia “(vv.15-16). Con el empleo de la metáfora del “pastor” de la Biblia hebrea en la vida pastoral judía, Jesús ilustra el acercamiento del Padre hacia los pecadores y afirma la misericordia y la compasión divina.

Los pastores normalmente cuentan sus ovejas al cierre de la jornada para saber si todas han regresado al aprisco. Como las ovejas por naturaleza son muy “sociales”, es frecuente que una oveja aislada de la manada pueda perderse. A ningún pastor que tenga a cargo un centenar de ovejas, bien les pertenezcan a él o al amo, le gusta perder sus ovejas, y tiene mucho cuidado de no perder ninguna, porque sabe que él es responsable ante el amo si desaparece alguna. En la parábola, el amor del pastor hacia la oveja perdida consiste en la elección que tiene que hacer. Hace lo que parece sirracional e ilógico, es decir, dejar las noventa y nueve ovejas en el desierto para buscar una, sin ninguna certeza de que vaya a encontrarla, y poniendo en peligro a las otras noventa y nueve. Buscar una oveja perdida en las laderas escarpadas de Palestina era y es aún hoy una tarea dificil. Sin embargo, el pastor actúa y su persististencia da fruto. Encuentra a la oveja perdida, la pone sobre sus hombros y se regocija. En la historia, “perderse” es un acto de la oveja, tal vez no sea un acto ‘consciente’; pero buscarla y encontrarla es evidentemente un acto ‘deliberado’ y ‘consciente’ del pastor. Por lo tanto, el acto de ‘buscar’ y ‘encontrar’ ciertamente da alegría al pastor; comparte con sus amigos y vecinos en gran ‘regocijo’. El dolor y la ansiedad del pastor se convierten en alegría, cuando encuentra la oveja perdida y la devuelve al redil.

Esta parábola demuestra que Dios no puede alegrarse por la pérdida de lo suyo; más bien su merced culmina “buscando” al pecador perdid. Desea que todos se salven y restaura al picador a la comunión con él. Esto no quiere decir que una persona necesite estar perdida para que Dios la busque y la encuentre. Sin embargo, cuando un apersona se pierde, Dios lo arriesga todo con el fin de encontrarla. La Iniciativa viene del Divino Pastor. En otras palabras, la gracia de la conversión y el arrepentimiento viene de Dios y no son resultado o consecuencia de nuestros esfuerzos humanos.

La moneda perdida
La segunda parábola narra la diligente búsqueda de un dracma (moneda de plata) que hace una mujer y el posterior regocijo cuando la encuentra. En los tiempos bíblicos, las casas normales en Palestina eran estrechas, con la puertas y ventans pequeñas, sin luz suficiente. Lo más probable es que los suelos estuvieran hechos de adoquines, y pore so una moneda que se cae se pierde con facilidad y buscarla resultaría bastante difícil. Cuando pierde el dracma, que equivale a un denario (el valor de un día de trabajo), enciende una lámpara y barre con energía hasta que la encuentra. Aunque la monedatiene un valor mínimo, la cantidad de energía y el esfuerzo de una búsqueda minuciosa llevan a la mujer a recuperarla. Una vez encontrada, comienza la fiesta con los amigos y los vecinos. También es posible que la audiencia original de esta parabola, los escribas y los fariseos, hayan despreciado esta parábola, que presenta a Dios como como una mujer que busca y que se alegra, una imagen de Dios que podría haber sido ‘escandalosa’ en el mundo patriarcal de los tiempos de Jesús.

Esta parábola subraya que Dios conoce el valor de cada ser humano. En la historia, la moneda es sin duda un objeto inanimado y no fue su culpa perderse. Sin embargo, la mujer busca con cuidado y dedicación esa moneda única, porque tiene valor para ella. Del mismo modo, Dios es consciente del valor de cada ser humano que él ha creado. A pesar de que la persona ella pueda ser individual y pernamecer aparentemente sin la “presencia divina ‘, Dios no puede hace r otra cosa que tomarse el trabajo de buscarla y alegrarse cuando la enciuentra. Lo que le confiere un valor real a la moneda es que todavía pertenece a su dueño, y que no que se pierda en cualquier rincón oscuro. A la luz de este capítulo, se puede discernir fácilmente que la moneda es tan valiosa para la mujer que la buscó diligentemente como la oveja es para el pastor y el hijo para el padre. Así que cada ser humano es de Dios.

Hijo perdido
Esta parábola es conocida con varios nombres: La parábola del hijo pródigo, la parábola del padre misericordioso, la parábola de los dos hijos alienados, etc. Hay tres personajes de la historia con tres puntos de vista diferentes. ¿Qué ‘perdio’ y ‘encontró’ cada uno en esta historia?

Todo comienza con la petición escandalosa del hijo menor, pidiéndole al Padre que le conceda su parte de la herencia. Pedir la parte de la herencia mientras el padre estaba vivo era muy vergonzosa, como si el hijo menor deseara decirle a su padre: “Me gustaría que estuvieras muerto”. El texto ni siquiera sugiere que el hermano mayor, por su parte, hiciera nada para intervenir o para ayudar a reconciliarlos. Padre “perdió” al hijo; mientras que el hijo ‘encontró’ su parte de la herencia, pero “perdió” al padre.

Después de que “desperdició su propiedad” en una nación pagana (tal vez, en territorio gentil), ya que ningún hogar judío se arriesgaría a críar cerdos, el hijo más joven ‘entró en razón’. Se acordó de quién era y se dio cuenta de su valía. Sin embargo, sin dejar de estar sólo interesado en sí mismo y sus necesidades inmediatas (comida, refugio, etc.), se preparó y ensayó sus palabras de arrepentimiento: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; tratame como a uno de tus jornaleros “(vv.18-19). Cuando volvió a casa, el padre que nunca había perdido la esperanza de encontrar a su hijo, reaccionó ante el regreso de su hijo de una manera muy extraña, pero llena de amor y ternura: “Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se llenó compasión; corrió, lo abrazó y lo besó “(v.20). El padre corrió para recibir a su hijo de un acto poco común, ya que ninguna persona de edad avanzada haría esto en cualquier cultura. Abrumado por el regreso de su hijo, el padre ni siquiera lo dejó acabar su discurso preparado, sino que inmediatalente restauró su estado de filiación y la dignidad perdida. En el plano de la lógica humana, el hijo perdido había perdido su derecho a esperar algo de bondad de su padre y podría haber sido fácilmente rechazado, pero el amor ilimitado del Padre no tiene en cuenta la maldad de su hijo. Por lo tanto, se prodigó con su hijo con gestos generosos y amables: Besar a su hijo muestra que el padre le da la bienvenida; poner zapatos en sus pies muestra que le perdona incondicionalmente (los zapatos eran el signo de una persona libre, mientras que los pies descalzos eran signo de ser un esclavo); y poner un anillo en el dedo de su hijo muestra que lo devuelve a la situación familiar con autoridad completa.

Cuando el padre ‘encuentra’ al hijo y el hijo ‘encuentra’ al padre, el otro hijo se “pierde”. El hijo mayor estaba indignado con su padre que estaba celebrando el ‘hallazgo’ de su hermano y se negó a entrar en la casa. La ironía de la historia es que, aunque el hijo mayor regresaba a casa todos los días después de su trabajo, nunca estuvo en ‘casa’. No sólo el hijo menor se perdió en un territorio pagano, sino que el hermano que trabajó y se quedó en la casa también se perdió. Él, que se pensaba a sí mismo como un esclavo de su padre no era diferente de su hermano, que quería ser un jornalero a su regreso. Por lo tanto, la misericordia del padre se encuentra en el restablecimiento de la filiación de sus dos hijos. Ambos necesitan la reconciliación, la curación y el perdón, así como el abrazo del padre. Uno recibió el abrazo del padre, mientras que el otro, en la parábola no se nos dice si entró en la casa y trajo alegría a su padre. La historia del hijo mayor de este modo queda sin terminar, No obstante, el punto culminante de la parábola se centra en la misericordia y el amor ilimitado de padre y no en la respuesta humana: “Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo que es mío es tuyo” (v. 31).

Esta parábola nos invita y desafía a ver nuestras relaciones humanas en una perspectiva completamente nueva y radical como Dios las ve. Si Dios ve con ojos de misericordia, también nosotros estamos invitados a ver el mundo con los ojos de misericordia. La perspectiva del Padre refuerza esta perspectiva.
a) La historia generosa del padre misericordioso nos enseña que Dios nunca se cansa de perdonar. Él espera para que volvamos a casa.
b) La historia del hijo menor nos ofrece esperanza a los que sentimos que Dios nunca nos perdonará a causa de nuestra desobediencia.
c) La historia de resentimiento que el hijo mayor lleva a casa nos da el mensaje de que Dios nunca nos ve como sirvientes, sino como sus amados hijos. Él no tiene favoritos. “Todo lo mío es tuyo.”

Naveen Rebello, SVD

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