Amanece en Kenia

He estado unos días en mi tierra de África en Kenia con un grupo de amigos de la Universidad Villanueva y de Niebla. Alejandro Matas García uno de ellos, comparte su experiencia de Kenia.

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Cuando me confirmaron que el viaje a Kenia sería posible, entre otras cosas, me pregunté qué idea tenía yo del continente africano. La primera imagen que me vino a la cabeza fue la de una llanura de tierra seca con un enorme sol naranja escondiéndose en el horizonte.

Hoy, una vez vivida la experiencia, en mi recuerdo el sol no se esconde sino que está amaneciendo; y la tierra seca del pensamiento previo al viaje ha adquirido un tono verdoso lleno de vida. Esta nueva condición vital se desprende de las sonrisas de la gente y de la voluntad de sacar SU país adelante. Ya desde pequeños son conscientes de esa necesidad. Este ambiente lo pudimos respirar en nuestra visita al Colegio del Verbo Divino.

Cuando se les preguntó a los estudiantes qué querían ser de mayores estos respondieron con profesiones fundamentales para este cometido como ingenieros de comunicaciones o ginecólogos. El verde esperanza de esta nueva tierra que invade mis recuerdos transmite las ganas de vivir de sus gentes. No sólo de vivir en África sino de dar a conocer su cultura en el extranjero. Un verde esperanza que contrasta con el color calabaza del sol naciente de la misma manera que cientos de contraste se hacen patentes en Nairobi.

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 Riqueza frente a pobreza extrema o zonas urbanas que nacen entre campos de cultivo y chabolas como el trigo que no se deja ahogar y crece entre los hierbajos. Sonrisas, sonrisas y más sonrisas: en la Parroquia del Verbo Divino en Kayole, en la casa de Langata donde nos recibieron con los brazos abiertos y que intentaron cerrar porque no querían dejarnos ir, o en las calles de Nairobi.

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Kenia es un país que sonríe y que tiene ganas de olvidar sus miserias a base de una alegría y un trabajo que, a buen seguro, no tardarán en dar sus frutos. Es complicado terminar estas líneas con una conclusión clara porque la historia de este país, lejos de estar en su punto de máxima identidad, está escribiendo las primeras palabras de una nueva etapa. Un país que ante todo transmite sensaciones y que en más de una ocasión nos ha obligado a agarrarnos a lo que teníamos más cerca porque nos temblaban las rodillas por aquello que veíamos. Gracias Kenia.

Alejandro Matas García

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